Resumen
La investigación aborda el impacto de las estrategias de comunicación organizacional en la lucha contra la inseguridad alimentaria de las ollas comunes como un espacio comunitario autogestionado que enfrenta la precariedad alimentaria en una de las zonas más vulnerables de Lima. En un contexto donde más del 50% de la población peruana sufre inseguridad alimentaria (FAO, 2024), las ollas comunes surgen como iniciativas de resiliencia y solidaridad. La comunicación organizacional, tanto interna como externa, es clave para coordinar esfuerzos comunitarios, establecer alianzas estratégicas y sostener sus operaciones. Utilizando un enfoque cualitativo y exploratorio, el estudio analiza cómo los miembros de la olla común Nuevo Perú perciben dichas estrategias y su contribución a la gestión de crisis alimentaria. Se concluye que la olla común cumple un doble rol de mitigar la falta de acceso físico y monetario, además de ser un catalizador de vínculos en su comunidad para la garantía de sus derechos a una alimentación digna y saludable.
Palabras clave: Inseguridad Alimentaria, Comunicación Organizacional, Estrategias de comunicación, Ollas Comunes
Abstract
The research addresses the impact of organizational communication strategies in the fight against food insecurity in community kitchens as a self-managed community space that addresses food precariousness in one of the most vulnerable areas of Lima. In a context where more than 50% of the Peruvian population suffers from food insecurity (FAO, 2024), community kitchens emerge as initiatives of resilience and solidarity. Organizational communication, both internal and external, is key to coordinating community efforts, establishing strategic alliances and sustaining their operations. Using a qualitative and exploratory approach, the study analyzes how members of the Nuevo Perú community kitchen perceive these strategies and their contribution to food crisis management. It is concluded that the community kitchen plays a double role of mitigating the lack of physical and monetary access, in addition to being a catalyst for links in its community to guarantee their rights to decent and healthy food.
Keywords: Food Insecurity, Organizational Communication, Communication Strategies, Community Kitchens
El Instituto Peruano de Economía (IPE, 2023) informa que más de dos millones de peruanos redujeron su consumo alimentario para lograr subsistir durante la pandemia del COVID-19. De la misma manera, el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición por el mundo (2024), elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, menciona que más del 50% de la población peruana sufre actualmente de inseguridad alimentaria en escala moderada y grave. Pese a la magnitud de esta problemática, declaraciones oficiales, como las del ministro de Desarrollo Agrario y Riego, minimizan su impacto al afirmar que en el Perú no se pasa hambre. Estas posturas evidencian una desconexión entre las autoridades nacionales y las realidades que enfrentan los sectores más vulnerables del país, particularmente en zonas marginadas de Lima y otras ciudades, donde millones de familias no pueden costear una canasta básica de alimentos.
A partir de dicha problemática, surgen las ollas comunes ‘‘para alimentar a las y los nuevos pobres que no han sido adecuadamente atendidos por el Estado’’ (Santandreau, 2022, p. 17). Las ollas comunes (OC) surgen en diversas comunidades como “organizaciones populares de asistencia alimentaria conformadas por grupos de personas que comparten proximidad territorial y escasos o insuficientes recursos” (Alcázar, 2022, p. 28) para afrontar la catástrofe alimentaria mediante una colaboración comunitaria en la obtención de alimentos necesarios para la satisfacción de sus necesidades básicas. Son iniciativas de resiliencia y colaboración comunitaria que demuestran ser una solución efectiva ante la inseguridad alimentaria del Perú. Desde el ámbito de la comunicación, es necesario destacar la importancia de la comunicación organizacional en el funcionamiento de las OC, ya que les permite articular diversos esfuerzos comunitarios con las alianzas estratégicas con otras organizaciones y la división de roles, entre otras acciones.
Sin embargo, como menciona Cuadra (2021), ‘‘las ollas comunes son una estrategia con décadas de utilidad, sobre todo en tiempos de crisis. A pesar de ello, los esfuerzos de la academia peruana por producir estudios sobre dicha estrategia son escasos’’ (p. 2). A partir de ello, la documentación, el análisis y el estudio de las estrategias de comunicación organizacional implementadas por las ollas comunes se vuelven fundamentales para combatir la inseguridad alimentaria. Este enfoque no solo permite visibilizar a los actores involucrados, sino también comprender las dinámicas comunicacionales que, en su mayoría, han sido pasadas por alto en los espacios académicos. La relación entre la comunicación y la seguridad alimentaria, a través de las ollas comunes, demuestra cómo una comunicación eficaz puede ser un factor determinante en la capacidad de una comunidad para la gestión de las crisis.
Por ello, el presente artículo parte de la pregunta: ¿Cuál es el aporte de las estrategias de comunicación organizacional externas e internas en la lucha contra la inseguridad alimentaria que perciben, hoy en día, los miembros de la olla común Nuevo Perú de la Comuna 6 en San Juan de Lurigancho? Se plantean dos objetivos específicos. El primero está orientado a describir la contribución de las estrategias de comunicación interna implementadas por la olla común para afrontar la inseguridad alimentaria según sus miembros. Mientras que el segundo objetivo específico se dirige a la descripción de la contribución de las estrategias de comunicación organizacional externas implementadas por la olla común en su lucha contra la inseguridad alimentaria. Así, en un primer momento este artículo desarrolla el marco conceptual sobre las ollas comunes, la inseguridad alimentaria y las estrategias de comunicación organizacional. Posteriormente, se realiza una descripción de la metodología empleada, así como los resultados obtenidos a partir de esta y los principales hallazgos. Finalmente, se exponen las conclusiones.
Metodología
En la presente investigación, se utiliza un diseño metodológico con un enfoque cualitativo, ya que es necesario para los objetivos de la investigación comprender en profundidad las percepciones, experiencias y prácticas relacionadas con las estrategias de comunicación organizacional de las ollas comunes y cómo estas contribuyen a afrontar la inseguridad alimentaria en las comunidades de San Juan de Lurigancho. De acuerdo con Corona, ‘‘la investigación cualitativa es un paradigma emergente que sustenta su visión epistemológica y metodológica en las experiencias subjetivas e intersubjetivas de los sujetos’’ (2018, p. 1). De la misma manera, el método de la investigación es un estudio de caso, ya que esta metodología resulta aplicable principalmente en el análisis de fenómenos sociales como la seguridad alimentaria. De acuerdo con Bell (2005), esta metodología brinda la oportunidad de estudiar a profundidad una parte de cierto problema durante un espacio de tiempo que generalmente es limitado. Por otro lado, se tomaron en cuenta dos categorías principales: las estrategias de comunicación organizacional y la inseguridad alimentaria. Dentro de la categoría de estrategias de comunicación organizacional, se identificaron dos subcategorías: la comunicación externa, definida como aquella dirigida a actores externos como donantes, organizaciones no gubernamentales, el Estado y municipalidades, esencial para la sostenibilidad y reconocimiento legal de las ollas comunes; y la comunicación interna, entendida como el intercambio de información y la construcción de relaciones al interior de la organización, fundamental para la coordinación de tareas logísticas y de cuidado. Por otro lado, la categoría de inseguridad alimentaria se abordó desde la dimensión del acceso a los alimentos, la cual se divide en dos subcategorías: el acceso físico, que refiere a la disponibilidad de alimentos en cantidad suficiente en un territorio determinado, y el acceso económico, relacionado con el poder adquisitivo de las personas para adquirir alimentos nutritivos.
De la misma manera, el estudio se basó en el análisis de 4 casos, cuyos informantes son miembros de la olla común Nuevo Perú, localizada en la Comuna 6 del distrito de San Juan de Lurigancho (Ver Tabla 1). La olla común fue fundada en febrero del 2021 y está compuesta en la actualidad por un aproximado de 11 miembros, además es parte de la Red de Ollas Comunes de San Juan de Lurigancho, en la cual participa activamente en la defensa de sus derechos y sostenibilidad a largo plazo. La elección de la olla común responde a su rol clave en la organización comunitaria y su relevancia en el contexto social actual, lo que los convierte en una fuente valiosa para comprender las estrategias comunicacionales en situaciones de vulnerabilidad.
Tabla 1 de codificación de informantes
| Informante | Descripción |
| A | Mujer, presidenta de la olla común Nuevo Perú |
| B | Hombre, encargado del almacén y vicepresidente de la Red de Ollas Comunes de San Juan de Lurigancho |
| C | Mujer, miembro de base de la olla común, agente comunitaria de salud y participante de Vaso de Leche |
| D | Mujer, miembro de base de la olla común |
Para recolectar la información, se utilizan entrevistas semi-estructuradas, ya que su flexibilidad permite profundizar en las percepciones sobre las estrategias comunicacionales, proporcionando datos detallados y significativos. El instrumento empleado es una guía de entrevista diseñada específicamente para este propósito. Para el análisis de los datos obtenidos, el proceso consta de una etapa de familiarización con los datos mediante la transcripción y lectura de las entrevistas, codificación inicial para identificar temas relevantes, búsqueda de relaciones entre los códigos, revisión y definición de los temas principales, y finalmente la elaboración de una discusión que sintetice los hallazgos. Además, dado que este público objetivo involucra a personas en condiciones potencialmente sensibles, se aplican criterios éticos en la investigación: respeto a los derechos de autor, salvaguarda de la dignidad y privacidad de los participantes, así como los principios de beneficencia y justicia, para asegurar que los resultados del estudio no generen daño alguno y promuevan el bienestar de la comunidad.
(In)seguridad Alimentaria en el Perú
La Cumbre Mundial sobre Alimentos de 1996 marcó un hito importante en el abordaje de la desnutrición de millones de personas al centrar la discusión en los derechos a la alimentación. A partir de ello, la inseguridad alimentaria es considerada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura como el déficit de acceso regular a suficientes alimentos inocuos y nutritivos necesarios para llevar una vida activa y saludable (2024, párr. 4). De la misma manera, la inseguridad alimentaria puede ser categorizada como estacional o crónica, o también clasificada en una escala de leve, moderada o grave. Para Aguirre (2004), el concepto de seguridad alimentaría debe ser entendido como el derecho de todas las personas a una alimentación cultural y nutricionalmente adecuada, por lo que la inseguridad alimentaria sería la negación de aquel derecho.
En la última década, diversos factores vinculados con la economía, el clima y los modos insostenibles de producción, ponen en riesgo la seguridad alimentaria del mundo, especialmente en las poblaciones con mayores niveles de desigualdad social, exclusión y pobreza. Asimismo, la pandemia del coronavirus agravó la crisis alimentaria ‘‘y reveló los enormes desafíos y las profundas brechas que tenemos en la forma de cómo nos proveemos de nuestros alimentos’’ (Santandreau, 2021, p. 14.).En el Perú, el estudio ESAE 2023 evidenció la situación crítica de la seguridad alimentaria en el país, revelando que más del 50% de los hogares peruanos enfrenta inseguridad alimentaria, una cifra que se mantiene similar a la registrada en 2021. Dentro de este porcentaje, alrededor del 5% de los hogares se encuentra en situación de inseguridad alimentaria severa (Midis, 2024). De la misma manera, se destaca que Lima produce apenas el 3% de los alimentos de origen vegetal necesarios para la alimentación de sus ciudadanos. Ello demuestra una alta dependencia a la agricultura externa nacional e internacional sugiriendo, en un contexto de crisis alimentaria mundial, un futuro escenario de desierto alimentario en las periferias de Lima.
Es así que la seguridad alimentaria es un área problemática en donde convergen muchos y muy variados temas como la inflación económica, la consecuente alza de los precios de la canasta básica, las catástrofes climáticas, las crisis agrícolas, entre otras. Sin embargo, en el Perú las principales dimensiones de la inseguridad alimentaria y el hambre se encuentran relacionadas a la pérdida del control de la población sobre los medios para acceder a ellos: el acceso físico y el económico de los alimentos. Por un lado, la falta de acceso físico ocurre cuando los alimentos no están disponibles en cantidad suficiente donde se necesita consumirlos debido a condiciones territoriales. En torno a la falta de acceso físico se considera que ‘‘el aislamiento de las poblaciones y la falta de infraestructuras pueden incidir en la imposibilidad de contar con alimentos en condiciones adecuadas de manera permanente o transitoria’’ (FAO, 2011, p. 4). Por otro lado, la falta de acceso económico alude al bajo poder adquisitivo de los individuos para poder pagar los alimentos necesarios de una alimentación digna y nutricionalmente saludable. El bajo ingreso económico de los jefes de familia conlleva una consecuencia directa a la calidad nutricional de la alimentación diaria familiar. El acceso, tanto físico como económico, a los alimentos en las periferias de Lima Metropolitana ha sido un problema persistente, que se intensificó durante la cuarentena de la COVID-19 debido a la interrupción de las actividades económicas. Incluso antes de la pandemia, estas zonas ya albergaban la mayor proporción de pobreza urbana en la ciudad. La crisis durante dicho confinamiento evidenció la fragilidad alimentaria en estas áreas urbanas, la importancia de la colaboración comunitaria y la débil organización de las autoridades a nivel municipal.
Finalmente, una dimensión sumamente importante a resaltar en la crisis alimentaria es descrita por Fernando Eguren en una ponencia en Piura (2011) donde resalta que la situación de la inseguridad alimentaria es ocasionada en gran medida a que ‘‘las acciones y políticas de nuestros gobiernos se han limitado poco más que a programas de asistencia alimentaria y nutricional, abordando solo una de las varias dimensiones que abarca hoy el concepto de seguridad alimentaria’’ (p. 4). Ante ello, se resalta la importancia del cuestionamiento sobre las causas actuales que perpetúan el hambre en la población ¿es una deficiencia en la disponibilidad de alimentos o es una pérdida de los derechos alimentarios de los ciudadanos a manos del Estado? La invisibilización en la conciencia colectiva de la sociedad de los ciudadanos en situación de vulnerabilidad es una arista esencial en el análisis de la inseguridad alimentaria, solo basta pensar en los aumentos de los precios de la canasta básica familiar día a día, las acciones y políticas alimentarias del gobierno y la invisible exclusión de los derechos alimentarios de decenas de miles de peruanos en situación de vulnerabilidad. Es así que frente a la crisis alimentaria emergen las ollas comunes como una respuesta colectiva y solidaria para garantizar la alimentación de los más vulnerables ante la creciente inseguridad alimentaria del país.
Ollas comunes en Lima
Las ollas comunes son un espacio autogestionado, en su mayoría por mujeres, a través del trabajo voluntario y colectivo de una comunidad que ‘‘desde el inicio de la cuarentena comenzaron a funcionar en las barriadas populares y en los asentamientos humanos de los distritos en los que vive la mayor parte de la población empobrecida y vulnerable de Lima’’ (Santandreau, 2021, p. 22). Estos espacios son creados con el objetivo de satisfacer las necesidades alimentarias de la comunidad debido a diversas problemáticas económicas y territoriales que impiden su alimentación diaria individual. De la misma manera, Cáritas Lima (2021) clasifica a las ollas comunes como iniciativas ciudadanas espontáneas y carentes del apoyo público o regular. Se resalta su desarrollo en espacios improvisados como locales comunitarios o en la propia vía pública. Alcázar (2022) menciona cómo las ollas comunes surgieron en las zonas más pobres del país, con acceso precario a servicios básicos como agua, electricidad y desagüe. CayCay (2023) expone que cuando las precariedades económicas y las crecientes exclusiones sociales impiden a los/as más vulnerables cubrir necesidades básicas alimentarias se originan las ollas comunes. ‘‘En ese contexto, las ollas comunes surgen como focos de resistencia de primera línea distribuidos en los barrios más pobres, vulnerables e inaccesibles de Lima’’ (Alcázar, 2022, p. 13). Es así que las ollas como organizaciones populares representan un símbolo de resiliencia y solidaridad comunitaria que se refleja en el esfuerzo colectivo realizado por sus actores en su lucha diaria contra el hambre. Así lo evidencia, Santandreu debido a que ‘‘en muchas barriadas y asentamientos humanos, además de brindar un plato de comida, las ollas comunes han logrado que las y los vecinos vuelvan a hablar, a conectarse, a organizarse y a luchar’’ (2021, p.7). Por otro lado, las OC, en su mayoría, se financian mediante un aporte económico propio de sus miembros; sin embargo, la recaudación es insuficiente para los gastos implicados en la gestión diaria de una olla común. Por ello, es común la existencia de programas de asistencia alimentaria y la contribución de organizaciones no gubernamentales para la sostenibilidad de las OC.
Según Santadreaun (2022) se calcula que existen más de 2000 ollas comunes solo en Lima y una aproximación de 250 mil personas comen a diario en ellas. La Red de Ollas Comunes de Lima Metropolitana comenzó a organizarse en mayo del año 2020, en plena cuarentena implementada por el Estado para hacer frente a la pandemia. La Red de Ollas sirve para articular esfuerzos conjuntos que les permita atender sus necesidades, además de buscar aliados públicos y privados que contribuyan con su sostenibilidad a largo plazo. Se resalta el carácter de movilización y organización de las ollas comunes para la defensa de sus derechos alimentarios ante el Estado y las municipalidades mediante plantones, marchas y un conjunto de acciones para una nueva política pública alimentaria que busca garantizar el derecho a la alimentación.
A partir de ello, para cumplir con su misión de garantizar el derecho a la alimentación, las ollas comunes han integrado estrategias de comunicación organizacional que les permiten articular esfuerzos comunitarios, gestionar apoyos externos y enfrentar los retos en un contexto de vulnerabilidad y exclusión.
Comunicación organizacional en ollas comunes
La comunicación organizacional en la actualidad representa un motor en la gestión y la competitividad en una organización (Pineda, 2020). Por otro lado, las estrategias de comunicación organizacional según De Castro (2014) son las estrategias que establecen las instituciones y forman parte de su cultura o sus normas para que la información e interacción de sus miembros dentro de la organización pueda ser fluida para el logro de sus objetivos estratégicos institucionales. A partir de ello, se puede entender las estrategias de comunicación organizacional en las ollas comunes de San Juan de Lurigancho como las diversas tácticas, métodos y enfoques comunicativos que utilizan las ollas comunes del distrito para organizarse, coordinarse y mejorar la eficacia de sus operaciones. Es importante resaltar que las estrategias organizacionales de las ollas comunes son consideradas como prácticas comunitarias que se encuentran relacionadas a procesos de resiliencia ‘‘fincados a componentes cognitivos colectivos como son los conocimientos culturales y las capacidades sociales, (…) los cuales permiten ejercer acciones deseables e incluso formular estrategias de organización desde la unidad y la esperanza ante las condiciones de vulnerabilidad, el riesgo, las amenazas y la adversidad’’ (Lopéz, 2017, p. 5). Es importante analizar las estrategias de comunicación de las OC debido a su carácter espontáneo y temporal ante una crisis que sugiere un limitado tiempo para la implementación y gestión de estas estrategias.
De la misma manera, las estrategias de comunicación organizacional se pueden ejercer mediante comunicación externa definida como ‘‘cualquier comunicación dirigida a clientes, clientes potenciales y al público externo a su organización’’ (Mills, 2018, párr. 6). Por ejemplo, clientes, proveedores, Estado, medios de comunicación, entre otros. Es la comunicación externa la encargada de gestionar la reputación en las organizaciones. En ollas comunes, la comunicación externa es esencial debido a que ellas subsisten gracias a las donaciones de organizaciones no gubernamentales e Iglesias, además de su importancia para las relaciones públicas con el Estado y las municipalidades en la defensa de sus derechos y reconocimiento legal. Por otro lado, las estrategias de comunicación organizacional también pueden ser de comunicación interna. La comunicación interna según Cecilia Claro (2022) es el intercambio de información dentro de una organización, su distribución y la construcción de relaciones en todos los niveles de la organización. En el caso de las ollas comunes, Espinoza (2023) expone que la comunicación interna entre las participantes es fundamental para la implementación y gestión de las tareas de organización, logística y de cuidado dentro de cada olla común. Es así que desde el componente interno, la comunicación organizacional facilita la gestión y apropiación de la cultura organizacional, mediante la interacción de los empleados alrededor de las actuaciones de la organización. De esta manera, también es importante mencionar que todas las estrategias organizacionales de las ollas comunes mantienen un fuerte componente sociopolítico, al implicar negociaciones en ámbitos formales e informales, y muchas veces acercamientos institucionales y manejo de relaciones de poder al interior del colectivo.
Hallazgos y análisis
En este apartado se procede con la exposición y análisis de los hallazgos, primero, se describe la contribución de las estrategias de comunicación interna implementadas por la olla común para afrontar la inseguridad alimentaria según sus miembros. Segundo, se procede a describir la contribución de la estrategias de comunicación externa implementadas por la olla común en la lucha contra la inseguridad alimentaria según sus miembros.
En primer lugar, en cuanto a las estrategias de comunicación interna, los miembros de la olla común ‘‘Nuevo Perú’’ destacan que un pilar fundamental de su comunicación interna son las reuniones presenciales semanales. ‘‘Tenemos reuniones semanales donde planificamos quién va a cocinar, qué días van a estar, qué se cocinará…’’ (Informante A, 2025). Durante estos encuentros, organizan tareas esenciales para el funcionamiento de la olla común, como la asignación de roles específicos —encargados del almacén, limpieza del local—, la distribución de turnos en la cocina según la disponibilidad de los miembros y la gestión de responsabilidades logísticas. Además, cuentan con un grupo de WhatsApp para la difusión de anuncios generales y la coordinación inmediata de actividades en caso de imprevistos, por lo que los miembros destacan el manejo de la tecnología en su gestión: ‘‘Los avisos los damos en whatsapp, tenemos que manejar las redes sociales. Antes buscábamos teléfonos fijos para llamar. Hoy en día buscamos la salida y efectividad mediante la tecnología’’ (Informante A, 2025). Como complemento a esta planificación, han implementado cuadernos de contabilidad donde registran gastos, ingresos e insumos, lo que les permite llevar un control financiero transparente. ‘‘Siempre les recomiendo a las otras ollas comunes que hagan balances semanales, cuadren. El tema económico a veces es un poco delicado y a mucha gente no le gusta (…) nosotros semanalmente cuadramos el balance para tener las cuentas claras. Tenemos un cuaderno de almacén, del dinero, entre otros’’ (Informante A, 2025). Las reuniones semanales no solo optimizan la gestión de la olla común, sino que también aseguran que los alimentos lleguen a quienes más los necesitan, abordando así el acceso físico a los alimentos en una zona donde la falta de infraestructura dificulta su distribución. En este sentido, es clave reconocer que, aunque las ollas comunes suelen surgir como iniciativas espontáneas (Cáritas Lima, 2021), el éxito de ‘‘Nuevo Perú’’ radica en su capacidad de organización y planificación estratégica internas, elementos fundamentales para garantizar su sostenibilidad y efectividad.
Por otro lado, un aspecto clave de la comunicación interna en la olla común, según sus miembros, es la fuerte conexión que surge a partir de la necesidad compartida ante la inseguridad alimentaria. ‘‘Las personas más necesitadas, de una u otra manera, nos unimos para crear esta ollita y poder ayudar a las familias que más necesitan. Fue voluntariamente de todas las mamitas que pusieron de su parte para poder salir adelante con esta ollita’’ (Informante C, 2025). Al ser personas que han enfrentado dificultades en el acceso a los alimentos, comprenden de manera profunda la urgencia de la problemática, lo que los motiva a interactuar y coordinar activamente dentro de la organización. Aunque la participación es voluntaria y nadie está obligado a asumir responsabilidades que excedan sus posibilidades, el compromiso de los integrantes se mantiene firme, no solo como una respuesta a la crisis alimentaria que enfrentaron durante la pandemia, sino también como un acto de solidaridad con quienes aún viven esta realidad. Los miembros han convertido la olla común en un espacio de apoyo mutuo donde la comunicación constante permite mejorar la gestión y distribución de los alimentos. Como mencionan los propios integrantes: ‘‘Tenemos distintas formas de pensar, pero siempre coincidimos por la olla común. Coordinamos a pesar de las diferencias y los sobrellevamos por el bien de la olla’’ (Informante B, 2025). Este testimonio evidencia cómo la lucha contra la inseguridad alimentaria no solo fomenta la organización y el compromiso colectivo, sino que también fortalece los lazos comunitarios, impulsando un modelo de colaboración en el que la comunicación interna es una herramienta esencial para garantizar que los alimentos lleguen a quienes más los necesitan.
Finalmente, la comunicación interna de la olla común ‘‘Nuevo Perú’’ se caracteriza por la construcción de relaciones significativas entre sus miembros, las cuales han evolucionado notablemente desde sus inicios. En un principio, la coordinación, gestión y comunicación entre los integrantes presentaba dificultades, así lo menciona una de los miembros de la olla común: ‘‘El desafío era que no teníamos las mismas ideas y cómo nos organizaremos al inicio, quién hacía qué’’ (Informante A, 2025). No obstante, con el tiempo y la experiencia, han logrado establecer lazos emocionales que trascienden lo meramente laboral, llegando a considerarse una familia. Ello se evidencia en las bromas, charlas y experiencias compartidas—como reuniones, actividades y celebraciones de aniversarios—. Estos elementos convierten a la organización en un espacio cómodo y cercano para todos. Como menciona uno de los miembros: ‘‘Más que un equipo de trabajo, es como una familia donde podemos ir y compartir entre nosotros’’ (Informante B, 2025). Esta dinámica refuerza lo señalado por Santandreau (2021), quien describe a las ollas comunes como espacios de reconexión vecinal, donde no solo se abordan necesidades alimentarias, sino que también se fortalecen los vínculos comunitarios. En este sentido, el tejido social construido resulta fundamental para establecer una red comunitaria sólida que permita afrontar épocas de crisis alimentarias, brindando un apoyo mutuo y sostenido dentro de la comunidad.
En relación con la comunicación externa de la olla común ‘‘Nuevo Perú’’, en primer lugar, esta se basa en su relación con su comunidad. Ello se evidencia en su misión organizacional de ser un espacio de ayuda para los más necesitados y de contribución al bienestar colectivo del vecindario. Para ello, utilizan principalmente otro grupo de WhatsApp como herramienta central de comunicación, a través del cual informan a la comunidad sobre las actividades de la olla común, el menú del día y mantienen una interacción constante con ellos. Asimismo, realizan donaciones dirigidas a casos sociales prioritarios, como adultos mayores y personas con discapacidad, asegurándose de transmitir que las puertas de la olla común están abiertas para todos. ‘‘Trabajamos para la comunidad, por ejemplo, nos mandan casos sociales a atender del hospital psiquiátrico, atendemos adultos mayores, discapacitados, mujeres víctimas de violencia o personas desempleadas que necesitan y tenemos las puertas abiertas para todas las personas” (Informante A, 2025). Asimismo, complementan estas acciones con la organización de talleres, actividades y eventos en días especiales, diseñados para fortalecer los vínculos comunitarios y posicionar a la olla común como un referente de apoyo mutuo en la zona. Debido a ello consideran que las estrategias de comunicación externas fomentan un sentido de pertenencia y colaboración en el vecindario. Expresan satisfacción con los avances logrados, resaltando que el trabajo colectivo ha sido un pilar fundamental para mejorar la calidad de vida de la comunidad y asegurar la sostenibilidad de la organización. En ese sentido, los miembros de la olla común perciben que estas estrategias han sido eficaces en su lucha contra la inseguridad alimentaria en su comuna debido a que la olla común ha sido ‘‘una herramienta para la mejora comunitaria porque así las personas ahorran tiempo y dinero’’ (Informante B, 2025).
Por otro lado, en cuanto a la comunicación externa con otras ollas comunes, la olla común ‘‘Nuevo Perú’’ emplea dos grupos de WhatsApp adicionales como herramientas principales. El primero agrupa sólo a las ollas comunes de la comuna seis, que forman parte de la red de ollas comunes de San Juan de Lurigancho, mientras que el segundo incluye a todas las ollas participantes de dicha red. Hay que recordar que SJL es el distriro más populoso de Lima con más de un millón y cuarto de habitantes (INEI, 2024). Asimismo, tienen reuniones presenciales ocasionales con otras ollas comunes de articulación y coordinación para la defensa de sus derechos, lo que refuerza su capacidad de organización. Además, ‘‘Nuevo Perú’’ cumple un rol estratégico como centro de almacenamiento y distribución de insumos para otras ollas comunes de la zona. Su ubicación central y accesible permite abastecer a aquellas que se encuentran en sectores más alejados, donde las familias enfrentan mayores dificultades para acceder a alimentos. Como mencionan sus miembros: ‘‘Usamos el local para repartir y almacenar insumos para otras ollas de lugares más alejados de la comuna, donde a veces las personas no pueden llegar’’ (Informante A, 2025). De esta manera, no solo fortalecen la red de apoyo mutuo, sino que también mitigan el impacto de la inseguridad alimentaria al garantizar el acceso físico a los alimentos para comunidades en mayor vulnerabilidad. Asimismo, los miembros de la olla común valoran su gestión externa, ya que les permite impulsar actividades de visibilización, como plantones y marchas, para exigir el reconocimiento de sus derechos ante el gobierno. ‘‘Nos asociamos con la red de ollas para poder exigir con otras ollas al gobierno que las ollas no podemos parar, necesitamos seguir trabajando por el bien de la comunidad. Seguimos en esa lucha hoy en día porque nos disminuyen el presupuesto’’ (Informante A, 2025). A través de estas acciones, logran sensibilizar a la sociedad y a las autoridades sobre la crisis alimentaria, aumentando así las posibilidades de recibir apoyo externo, ya sea estatal o de particulares. En este sentido, consideran que la articulación con otras organizaciones de base es fundamental para enfrentar la crisis de manera conjunta y organizada.
Finalmente, la comunicación externa de la olla común ‘‘Nuevo Perú’’ con el Estado y las organizaciones no gubernamentales (ONG) se lleva a cabo principalmente a través de su página de Facebook, que sirve como plataforma para difundir sus actividades y visibilizar su labor. Como menciona la presidenta de la organización: ‘‘A veces nos contactan por redes muchas ONG (…) saben del problema alimentario que hay y nos han ayudado mediante recursos y talleres psicológicos y nutricionales’’. Además, al estar empadronada, la olla común ha establecido vínculos de trabajo con la municipalidad de San Juan de Lurigancho y con el MIDIS, participando en programas como Qali Warma. Con la municipalidad, mantienen un grupo de WhatsApp de fiscalización, donde reportan diariamente las actividades de la olla común para garantizar un registro transparente de su funcionamiento. Asimismo, asisten a reuniones con autoridades para discutir temas como presupuestos, el reconocimiento de sus derechos y programas de asistencia. Los miembros consideran que esta comunicación con las autoridades es fundamental para la existencia y sostenibilidad de la olla común. Como expresan: ‘‘Ir a las reuniones cuando nos solicita el gobierno es prioritario; siempre estamos ahí, no podemos faltar’’(Informante B, 2025). Esto se debido a que la gestión presupuestaria con el Estado ayuda a reducir los costos para el funcionamiento de la olla común. Lamentablemente, según los miembros, las autoridades ‘‘han empezado a hacer recortes porque no ven la inseguridad alimentaria como un problema real’’(Informante C, 2025). Esta situación refleja la importancia de mantener una comunicación activa y estratégica con las instituciones para defender su labor y garantizar su continuidad.
Conclusiones
La investigación sobre la olla común Nuevo Perú de San Juan de Lurigancho ha evidenciado que las estrategias de comunicación organizacional, tanto internas como externas, desempeñan un papel fundamental en la lucha contra la inseguridad alimentaria, una problemática que afecta a más de la mitad de los hogares peruanos. En un contexto marcado por la precariedad alimentaria y las barreras de acceso físico y económico a los alimentos, esta olla común se erige como un ejemplo de resiliencia y solidaridad. No solo garantiza el acceso a la alimentación para poblaciones en situación de vulnerabilidad, sino que también fortalece el tejido social, proporcionando apoyo emocional, promoviendo la organización colectiva y fomentando la participación vecinal.
A través de sus estrategias de comunicación interna —como las reuniones semanales, la asignación de roles y el uso de herramientas digitales—, la olla común ha consolidado una estructura organizativa eficiente y transparente. Estas prácticas no solo optimizan la gestión de recursos, sino que también refuerzan los lazos comunitarios, generando un entorno de confianza donde los miembros se consideran una familia. Un aspecto fundamental de este modelo es su carácter voluntario y participativo, donde cada persona contribuye de acuerdo a sus posibilidades, sin presiones ni obligaciones que excedan sus capacidades. Este enfoque inclusivo y flexible permite que todos, independientemente de sus circunstancias, puedan sumarse al esfuerzo colectivo. Así, el modelo organizativo de la olla común, basado en la colaboración y la solidaridad, resulta clave en la lucha contra la inseguridad alimentaria, ya que no solo garantiza una distribución equitativa de los alimentos, sino que también fomenta un sentido de solidaridad que fortalece la capacidad de la comunidad para atender sus necesidades urgentes, de esta manera, convirtiendo a las ollas comunes en verdaderos pilares de resiliencia colectiva.
En el ámbito externo, la olla común Nuevo Perú ha sabido aprovechar herramientas como su página de Facebook y grupos de WhatsApp para interactuar con la comunidad, coordinar con otras ollas comunes y visibilizar su labor ante el Estado y las ONG. Gracias a esta articulación, logran distribuir alimentos a poblaciones vulnerables —como adultos mayores y personas con discapacidad—, conseguir donativos para la garantía de la sustentabilidad de la organización y, sobretodo, incidir en la formulación de políticas públicas para exigir el reconocimiento de sus derechos alimentarios y su reconocimiento como olla común.
En este sentido, la olla común Nuevo Perú no sólo mitiga los efectos inmediatos de la crisis alimentaria, sino que también enfrenta sus causas estructurales: la falta de acceso equitativo a los alimentos, la invisibilización de las poblaciones vulnerables y la insuficiente respuesta del Estado. A través de la organización y la exigencia de reconocimiento, estas iniciativas no solo garantizan la alimentación de sus miembros, sino que también sientan las bases para una transformación estructural que permita que la seguridad alimentaria deje de ser una lucha constante y se convierta en un derecho garantizado.
A manera de conclusión, la olla común Nuevo Perú refleja una historia de lucha contra la inseguridad alimentaria que continúa hasta la actualidad, y que a pesar de los contratiempos han logrado gracias a sus estrategias de comunicación organizacional cumplir un doble rol de mitigar la falta de acceso físico y monetario, además de ser un catalizador de vínculos de su comunidad para la garantía de sus derechos a una alimentación digna y saludable.
Referencias
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